Tendrás que ser capaz de impregnar con tu sentir tus palabras.
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Mostrando entradas de 2020
Descansa
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Descansa, necesitas alejar tu corazón de la maligna farsa; Los montes, las flores, los mares, las aves, El viento que suave acaricia tu rostro, son sin falta honestos. No reveles tu interior a quienes silencian la sinfonia d el amor. Y prefieren cobardes, danzar arrodillados al ritmo disonante, Del engaño deslumbrante.
Era necesario
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Debo honrar mi infinito amor por ti. Con mi alma al desnudo, aun con hambre, te perdonó. Mi corazón voraz, en un grito alado lo demanda, Y todo mi ser cada segundo vivo me lo exige. Te dejo ir, suelto tus manos frías e n l a niebla; La misma donde un día, abriendo perdida la herida ancestral De tu existencia, forzadamente seria, y ebria de egoísmo. Rondando perdida en el bosque fatal de tu codicia; Arida, buscaste formal, fugaz, vacía, en lo banal edificar tu vida. Ebria de placer carnal sin fondo, En la densa arboleda, temblando dura, llorando te adentraste. Ahora solo pido que tu prosaico corazón sin techo, Jamas olvide, que eternamente ardoroso viviré i ncorpóreo en ti. Igualmente pido redimido en Dios, q ue el momento estentóreo Llegue bruñido un día, c uando tu inesperado renacer Cristiano Este cercano, s eas tu quien inevitablemente justa, Exquisitamente agitada, pero armada de ...
Desenfreno
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En esa farsa antigua interminable, En la vida muerta indispensable, donde La mentira cada día, indecente, en tu alcázar Sin cimientos indiscreta cobra vida, En el frenesi inocente latente de tu piel, De tus corvas, y en el inclemente desenfreno Ingenuo de tus miedos. Y en tu herida tremula, escondida adolorida En el hueco rotundo inerte de tus ojos, Por el llanto inevitable contenido, casi ciegos.
Sonriendo a mi cadalso
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La vida es la comarca de las heridas Y de la inexplicable ruina, donde la codicia anida, Y el egoísmo altruista, Como el deseado vino, a la traición mortal se abraza. En el plano mundano no hay certeza plena De amor, n i de agua, ni alimento, tierra o lecho. Mientras el amor, sorprendido, se mancha copulando Bajo la arbolada deshojada, en mortales estertores. La palabra fácil, es dura y es frágil, Levantada firme con innobles ilusiones. Solo Dios, con su precioso resplandor preciso, Nuestro o bscuro corazón enciende en gracia. Y en esta vida ufana, de miseria huraña intensa. Y en el dolor inmenso, h ijo fortuito de lo falso. Camino cierto en pena, sonriendo al fulgor de mi cadalso
Ojos ateridos
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Te veo desalmada, tal como de día ahora eres, Te siento inocente, como de noche siempre puedes ser. Nada puedo contra tus miedos aceptados, Que te encerraron Inciertos, i nfantiles, e n una jaula de oro; En la cima colectiva disfrazada de bondad, De una d epravada colina. Donde los ojos muertos de tu artero c arcelero. Incesantes, hipnotizan f ríos escondidos, Engañosos, tus asustados ojos ateridos
Duermen las estrellas
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Duermen las estrellas tersas, Veleidosas como velas prófugas no me esperan; Suspiran ocultas tras un velo blanco, Por la sediciosa niebla vaporoso entrelazado. No se porque me niegan sus encantos, Las busco, las invoco, p ero me toman por un loco. Y sin embargo las anhelo, soñando un día Descubrir en pálido asombro, sus ocultos sobresaltos. En mi mente, las admiro silente, con dolor, buscando Sus ojos misteriosos, p ero son evasivos Como peces inocentes asustados, Cuando ruge como reina imperativa la tormenta sobre el lago. Se resisten, como trémulos muslos vivos de vírgenes vestales, Tentadas por las tímidas caricias d e mis desalentadas manos. Observo intenso mis adentros, ya mortalmente desangrado, Un poco desalmado, y me pregunto mudo; Porque insisto necio e n vivir perpetuo en pena, En la violenta selva muerta de mi descompuesto antaño?. Puedo conjurar el daño errado Mordiendo hambriento u nos labios rojos carnosos de verano?, O ...
Roca fría
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En un banal esfuerzo y alargado desconcierto, Enlutaste fatal m i alma ilusa, c ansada de muerte. Por ello no creo en ti, solo creo en el amor, Y en la cobarde perversión defensiva de la gente. La sacudida inclemente, causo un alud brutal, De la nieve cegadora que espléndida coronaba mi frente. A cambio, ha quedado presente una roca fría indemne, Enlutada, qué protege enigmática mi corazón y mi mente.
Llegara el día
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Ceso abrupta, la divina fantasia. Murió profanada, en los arrabales De tu lujuriosa y turbia compañía. Por sus manos enjutas, malolientes A vejez desamparada. Tu piel, tu ojos, tu boca, Todo tú ser entrego ardiente su luz. Y tu cabello brujo, perdió de repente, En ira, su ensortijada m agia. Todo inserto en un rapaz momento incierto, Alimentado por tu caprichosa m ente, Siguiendo la fiebre de tu insaciable Y malherido bajo vientre. El tiempo pasara, porque eso es lo que hace. Y así, arribara el día. Porque arriba inesperado co n violencia. Abrirás tus ojos macilentos, y veras Con claridad punzante Tus frívolos tropiezos. Y en ese preciso Instante, sentirás veloz como un relámpago. La inconcebible magnitud del dolor, Que ...
Bajo la piel
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Un corazón erguido por la adversidad mundana silenciado, Inocente se asoma pulcro a la ventana. Y con placer nocturno prohibido, por necesidad de luz, Desnudo y puro, en la tenue claridad astral se baña. Cavilando iluminado, sobre la vida vivida ausente y su sentido. Mientras escucha con furia, desconfiado; Que bajo la piel, se esconde sin pudor, espléndido un aullido, Por la trémula duda incierto, sin duda cierta enmudecido...
En tu letargo
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Abrazando medio muerta tus miedos Encubiertos, transitoria , sin gloria. En tu deliberada ignorancia Te decantaste fria por el efebo amor Desierto . Y en tu letargo incierto, n unca Supiste d e mi abierto amor por ti. De su vida secreta ardiente, cierta, Y su simpleza. De su muerte valiente cotidiana, Templada, inevitable, y su entereza. Que paciente, ebrio en ti, navegaba Desafiante orgulloso l as tormentas. Febril, anhelando humilde distante, feliz, El bienhechor a brigo eterno de tus pechos.
La grieta
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Se ha herido de muerte una vida, conjunción de muchas Vidas. Albergó dichosa, una aventura amorosa majestuosa. Llena de espíritu, plena de carne y gloria. Donde no existia la noche, todo era sol, ausencia de sombras. Pareció sería siempre, un viaje honroso, compartido, interminable. Una solida certeza, un vuelo valeroso enlazando heroico en el aire nuestras almas. Todo era transparente, carente de sospechas. Pero al fin triunfo la boca, preño la duda, y gesto la grieta.
Si
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Hay algo interno intenso, eterno, y en mi caos, perfecto; que vivo, me Lleva muerto a amarte; y en la distancia amarga, y en íntimo silencio, Alucinar guardarte. Es el amor consciente, coherente, inquebrantable, gratuito Y antiguo, que rompe poderoso las corazas rancias, y permite Manifestarse libres y suaves las vivencias francas . Por eso te muestro con el corazón abierto, y la razón abyecta, que me Duele intenso tu suplicio interno. Es bajo mis ojos, una nueva prueba que busca brusca, despertar Gloriosa de golpe tú ser d ormido. Deberas entonces descubrir salvaje, que el coraje vive en ti, Subterráneo, asustado y altivo; Y advertir en tu deliberada muerte, que estoy ahí, a tu lado, con las Garras listas y mi furioso corazón sereno, bajo en al asombro asesino, Partido.
De regreso
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A pesar del profundo y penoso desengaño, t e amo sigiloso, En nuestro inescapable siempre, como antaño. Como en la helada tundra se ama desnudo el templado Sol lejano. Y siento ardiente en mi alma, tu dolor sagrado humano. Reposa en Dios, el revelara la paz a tu corazón arcano aún Profano, ahora insoportablemente herido. Y regresara ufano, Iluminando tus ojos con el fulgor cegador ayer hermano.
Recién nacías (A Pascal)
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Recién nacías, y emanando un silencio Regio, sutil mirabas sin duda recio. Mientras tus profundos ojos sanos, Absortos, Discernían l a innecesaria rigidez Del día. En tus ojos, con brío opuesto al frío, Rebelde clave los míos, y vi en ellos En asombro, f luir serenos dos ríos; Intensos, resueltos, inmensos. Lavando serios en lagrimas puras, Las manchas del alma, h ijas del miedo.