Ferviente

Era silvestre, como esa mujer amada  ferviente,
A quién puedes mirar a los ojos seguro, de frente.

Hasta ese momento fatuo inconcebible,
Cuando en un imperceptible parpadeo, voltea los ojos,

Y en la penumbra de su alma, 
Se aleja opaca, abdicando su corazón y su mente.

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