Muero al
despuntar
el alba.
Muero
también
cuando el sol
descansa.
Muero al abrir
mis ojos,
y no ver preciso
tu divino rostro.
Tan esquivo,
como
el reflejo
en un espejo roto.
Muero por sentir
de nuevo
tus caricias.
Muero, porque
las recibe un roto.
Muero por morder
tus labios,
elusivos como
cardenales mozos.
Muero por
escuchar tu voz,
y que despierten
mis oídos sordos.
Muero por conjurar
tu corazón,
para que abandone
ese mundo impropio.
Muero al aceptar
que fuiste solo un
sueño.
Muero porque no
encuentro las
palabras,
para expresar mi
infinito duelo.
Muero por
la incomprensible
crueldad de la farsa.
Muero en el
oprobio,
por un amor falaz
que mata.
Muero desconcertado
por el ser amado
que crucifico mi alma.
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