Fue un día helado tempestuoso, Camino a beber la vida de tu pozo escaso. Cuando encontré absorto tu noria seca. Bajo el consentido fuego, Del juego vulgar, del carnal acoso.
En esa farsa antigua interminable, donde La mentira cada día, indecente, en tu alcázar Sin cimientos i ndiscreta cobra vida; En el frenesi latente de tu piel, De tus corvas, y en el inclemente desenfreno De tus miedos. De tu herida tremula, escondida adolorida, En el hueco inerte de tus ojos. Por el llanto contenido, casi ciegos.