Estas ahí, sonriendo partida detrás de tus huestes. Desde que terrestre, Mataste inconsciente tu amor celeste. Aquel que desnudo presagiaba sin juicio mi muerte.
Descansa, necesitas alejar tu corazón de la maligna farsa; Los montes, las flores, los mares, las aves, El viento que suave acaricia tu rostro, son sin falta honestos. No reveles tu interior a quienes silencian la sinfonia d el amor. Y prefieren cobardes, danzar arrodillados al ritmo disonante, Del engaño deslumbrante.
Era silvestre, como esa mujer amada ferviente, A quién puedes mirar a los ojos seguro, de frente. Hasta ese momento fatuo inconcebible, Cuando en un imperceptible parpadeo, voltea los ojos, Y en la penumbra de su alma, Se aleja opaca, abdicando su corazón y su mente.
Siempre, el miedo al sufrir inminente, Fariseo aconseja indecente a tu mente. Y entonces, entregas vacuo ante el temor Presente, e l amor inmortal, a la muerte.