A Tristan

Tu ladrido cual aullido inteligente, 
Tu mirada complaciente,

Mitigaban envolventes 
Las arrugas desoladas de mi frente.

Extrañare tu corazón perpetuo, valiente, 
Donde se gestaba inquebrantable 

Tu franqueza deslumbrante, 
Que me abrigaba entero, infatigable.

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