Sabia

Sabía de mi eterna lucha 
Contra mi ancestral condena.

De mis heridas plenas, 
De mis tropiezos, conocía de mis sueños.

Comprendía mis anhelos, mi esperanza. 
Sabia de mi búsqueda 

Incansable, hambriento, medio ciego,
Del sol detrás de la tormenta.

Y aun así, mientras ardía 
Sin decoro en lujuria sarracena, 

En espasmos egoístas arranco sin pena 
El vestido interno de mis venas.

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