Días opacos bajo el sol, sosiego, qué esporádico me arropa en mis enamorados sueños. Relámpagos despertando r ecuerdos inmortales, t ormento que muerde como el hielo . ... Aliento. Y en mi centro inexpugnable, esa inagotable fuerza indómita, el h ormigón de mi ser en el s uplicio. El milagro que conquista apacible mis p enas yo lo exhalo. Mientras abrumado, mi sabio corazón observa de soslayo l a decadente degradación del regocijo humano . Me embriagare de Dios, buscando en el la paz divina, que perfuma el hedor de lo mundano .