Se que aquel nublado beso postrero, Fue tu acobardada discreta despedida. Lo se, lo siento en el fulgor sutil de mis entrañas, Como mariposas blancas asustadas. Y por mas que mundano lo intento, No puedo rogando hirviendo sosegarlas. Se también, que esta agitación interna n o existe Solo por tu ausencia. Hay algo mas, algo vehemente, Inescrutable, en tu indiscreta inconsciencia. Que inevitablemente incoherente, cada mañana Cuando nace el sol, afilada punza mi vientre.
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