Porque ahí, en necio desconcierto de tu ser desierto/ Dónde siembras cansada la palabra yerma sin historia/ Germinan amargas, la deshonra, confusa, insulsa/ Y la perversidad ubicua de tu medroso ser sin sombra/
Aspiro sin pausa a ser un espíritu transparente, Donde mi alma clara supere a mi mente. Y cada vez que la tentación y la duda intenten Dar a mí ser moral temprano la muerte. Rugirá mi corazón como león valiente desafiando La siniestra oscuridad al frente, Portando un vela cegadora voraz, de puro celeste.
Estas aquí, decididamente presente, escondida. Siempre temerosamente altiva, forzosamente indolente, En los intersticios ficticios de mis horas muertas. Que irreverentes se alargan dolientes, miserables; Mientras en la estrepitosa vorágine de tus somnolientas huestes. Decides absorta, incongruente, vivir sonriendo ausente.
Nadie se acerco caluroso en las sombras remotas, A la infinita periferia De nuestro amor soleado, que sucumbió s osegado, Ante el daño mortal del burdo engaño soterrado.
Y cortas, traicionas, Y despojas. Pero la vida divina De tajo no termina; Porque la sangre carmesí Que mana grata, Grácil, por tu herida Férrea; f ecunda eterea, Noble, nueva vida.
Y en un momento vigorosamente incierto, Con los párpados pesados, Como una avalancha que avanza inquieta, Privada por tus yerros Cerraras tus ojos. Y tus miedos, Y tus culpas, y tus recónditos anhelos; Perecerán serenos, como El discreto vapor al alba en tu desierto,
Muero sin vida, Muero esperando en desvelo. Muero con prisa, Muero en un mundo sin cielo. Con un corazón caído a rdiendo Sin fuego. Donde las navajas agrestes, Sacan chispas crueles en mi vientre.
Sera acaso tu silencio, provocado Por tus miedos apegados fuertes a t u fracaso? Entonces, solo la palabra noble Podrá desafiar valiente tu desesperado ocaso.