Debo honrar mi infinito amor por ti. Con mi alma al desnudo, aun con hambre, te perdonó. Mi corazón voraz, en un grito alado lo demanda, Y todo mi ser cada segundo vivo me lo exige. Te dejo ir, suelto tus manos frías e n l a niebla; La misma donde un día, abriendo perdida la herida ancestral De tu existencia, forzadamente seria, y ebria de egoísmo. Rondando perdida en el bosque fatal de tu codicia; Arida, buscaste formal, fugaz, vacía, en lo banal edificar tu vida. Ebria de placer carnal sin fondo, En la densa arboleda, temblando dura, llorando te adentraste. Ahora solo pido que tu prosaico corazón sin techo, Jamas olvide, que eternamente ardoroso viviré i ncorpóreo en ti. Igualmente pido redimido en Dios, q ue el momento estentóreo Llegue bruñido un día, c uando tu inesperado renacer Cristiano Este cercano, s eas tu quien inevitablemente justa, Exquisitamente agitada, pero armada de ...