Los años pasan sin ropajes, y yo, Como Sisifo retrocedo. A ese puntual momento seco, Cuando decidiste sin apego, Mostrarme rabiosa tus colmillos, Y abrir febril mi pecho.
Un día pausado, Levante mis ojos, pesados, Y admirando la escarpada Montaña pude ver, Que la luz brillaba justa, Extraña en otro lado. Brillaba noble interna, En mi corazón encadenado.
Aquel que aprende debe sufrir. Y aún en nuestro sueño el dolor que no puede olvidar cae gota a gota sobre el corazón, y en nuestra propia desesperación, en contra de nuestra voluntad, la sabiduría nos llega por la terrible gracia de Dios Aesquilo