No puedo admirar consciente A quien vive aconsejado Por el oro o por el vientre. Escucho atento a quien habla Con el corazón erguido, s embrando valiente, Sin dudas, su simiente. Porque la palabra vertida, Es vida o es muerte; bien dictada Es un canto honorable que dibuja lo celeste. Mal nacida, atea, como una punzante brisa, Disemina fría un mundo agreste.