En el silencio
Mi alma amarga descansa agobiada en su dureza, No quiere saber de amores; De traiciones, n i de paz o de fúnebres crespones. Sola yace en el silencio y lo rompe en ocasiones, En agónicos sollozos y mortales estertores. Al oír el canto enorme de los enamorados ruiseñores.