Eres acaso tu mismo, o eres tan solo el reflejo De un lírico cinismo?. Despierta!, abre la ventana y muéstrale tu rostro Al ciervo. Háblale con esa tenue voz m ortificada q ue insiste En residir en tu pecho. Cuéntale de tus yerros y de tus aciertos, Dile que eres capaz sin titubeos, de ofrecer tu sangre, Para reanimar a quienes caminan muertos.