Y le sonreirás al cielo, Y disfrutaras las nubes; Pero tu corazón profundo, Latiendo con fiebre, Llorara silente, mi frío E interminable entierro. Para complementar propia, Tu voluntaria muerte.
A veces deseo frágil alcanzar m i muerte, Para incorpóreo Poder buscarte ágil, c on suerte. Y rescatarte pronto d el mísero e spacio, Donde sonriente, yaces p lácidamente i nerte.
Nunca podrás comprender, la dimensión Creciente de mi insólita tristeza; Al entender muy tarde, tu inexplicable Impaciencia, por descender ardiente al gozo, Para ofrecer tu corazón dormido al vulgo, En prisión, sin honor y sin bandera.
Hay una humanidad pedestre, Terrestre. Sumida agreste en un hipnótico Pantano de trágica miseria. Donde los corazones brillan verdes, Como navajas rancias indecentes.
Apareció aguardada Como el augurio brillante de una estrella. Y fugaz dejo en su estela Una obscuridad helada. Que obstinada desafía procaz y osada, Al tierno sol cada la mañana.