Me agravia el recuerdo de la fatídica fecha, Cuando en un postrer abrazo, Y con un nudo en las entrañas, te deje Partir con mi corazón atado a ti, para no volver a verte. Tu sutil figura se evaporaba febril entre la gente, Se desvanecía efímera, como si te robara la muerte. En silencio inminente, en un instante, En mi alma grabe con un hierro candente, Tu imagen, tu esencia. Y lento, en la cima; Como un copo de nieve pendiente, rezando tu nombre, Desengañado me precipite a la muerte.